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Tecnología educativa: beneficios y retos

tecnología educativa

Autora: Nadia De León, Ed.D.

Si la tecnología educativa, o edtech por su apodo en inglés, era ya un fenómeno global de alto crecimiento antes de la llegada del COVID-19, ahora vivimos un aceleramiento en su uso y desarrollo sin precedentes. Aquellos que abogan por la importancia del edtech indican su altísimo potencial para aumentar la cobertura educativa en el mundo. Los dispositivos educativos y el acceso vía dispositivos existentes, puede facilitar acercar oportunidades de educación en áreas de difícil acceso, donde faltan docentes, o a poblaciones que no están siendo incluidas en los procesos educativos como pueden serlos las niñas, o comunidades aborígenes o etnias minoritarias en diferentes países. Es decir, la edtech ayuda a masificar procesos educativos, al igual que ayuda a masificar muchas otras cosas. Otros indican cautelosamente que la educación virtual,aún cuando difiere y no suele llegar a ser tan eficaz como la presencial, es particularmente útil en áreas como matemáticas.

Además, las últimas generaciones de tecnología educativa que utilizan algoritmos, por ejemplo de machine learning e inteligencia artificial, llevan la ventaja en comparación a los docentes cuando se trata de personalizar la educación. En el formato tradicional de la educación suele haber un docente por cada diez, veinte, treinta, o cuarenta estudiantes. En esas circunstancias es sumamente difícil para el docente producir explicaciones, experiencias y actividades de aprendizaje individualizadas de acuerdo a las necesidades e intereses de cada niño (aunque la filosofía de la enseñanza diferenciada y sus métodos nos motivan y ayudar a lograrlo). Sin embargo, utilizando edtech, los estudiantes suelen interactuar uno a uno con un programa o material educativo en un dispositivo.

Los contenidos educativos digitales estáticos o uniformes (como los videos, o un repositorio de actividades o textos) no se auto-personalizan, pero al menos el estudiante al tener oportunidad de escoger entre una amplia variedad, tiene acceso a contenidos que se ajustan mejor a sus intereses. 

El Santo Grial del edtech en cuanto a personalización de los procesos de enseñanza-aprendizaje son los softwares, aplicaciones o programas que responden al comportamiento de los estudiantes. Proveen a los estudiantes retos apropiados para su nivel, se dan cuenta cuando a los estudiantes les falta fortalecer algún conocimiento o habilidad y se ajustan presentándoles contenido acorde, avanzan a la velocidad y ritmo exacta del estudiante presentando contenido más avanzado a medida que el estudiante demuestra logros de aprendizaje, y (al igual que nuestras redes sociales o nuestras cuentas de Netflix) aprenden lo que les gusta a los estudiantes y sus intereses. Algunos ejemplos incluyen los software de aprendizaje de idiomas, como Duolingo o Rosetta Stone, y software de matemáticas, como ALEKS o como la página web de Khan Academy (disponible en español) o el app Khan Academy Kids. No abundan todavía este tipo de aplicaciones, pero ciertamente representan el desarrollo de punta en el campo.

Adicionalmente, sabemos que el aprendizaje activo, en el que los estudiantes manipulan objetos, llevan a cabo experimentos, o se involucran en actividades de creación/creatividad  e invención/innovación, lleva a logros educativos más profundos y aplicables. Sin embargo, no todos los estudiantes tienen acceso a un laboratorio de química completo, a la oportunidad de diseñar y construir aparatos complejos, o a experimentar como desearían sin riesgos bajo poca supervisión. La edtech también presenta soluciones a estos retos. Por medio de los simuladores digitales los estudiantes pueden utilizar una aplicación en una página gina web o en un dispositivo, para manipular reactivos químicos, construir módelos de circuitos eléctricos, o lanzar objetos de diferentes pesos en diferentes ángulos (como PhET). Con software de “coding’ para niños pueden programar y ver correr películas animadas, juegos interactivos o robots (como Scratch y Scratch Jr).

Aunque la tecnología se puede utilizar para filmar una clase frente a un tablero, para aplicar quizzes de opción múltiple con calificación inmediata, o para masificar acceso a un libro de texto, es en ese otro tipo de interacciones que el edtech presenta valor agregado, permitiendo que practiquen, descubran y apliquen, involucrando así niveles de cognición más altos, y experiencias de aprendizaje más disfrutables, enriquecedoras y productivas. Este tipo de procesos de enseñanza-aprendizaje personalizados y activos, pueden ayudar a atraer y retener jóvenes hacia la educación formal en todos los niveles.

Para aprovechar la tecnología educativa en la situación actual, ya sea para responder a necesidades críticas del momento o para utilizar la oportunidad de resolver problemas crónicos en nuestros sistemas educativos, debemos tener en cuenta aquellos aspectos para los cuales la enseñanza a distancia, y en particular la enseñanza virtual o digital, supera incluso a la educación presencial. A su vez, debemos ser sumamente conscientes de las debilidades de este tipo de educación, entendiendo para qué es y para qué no es útil. Claramente, maximizar el potencial del edtech requiere mucho más trabajo, técnico y pedagógico, que simplemente digitalizar textos, producir vídeos, o escribir guías y actividades para ser impresas. Por ende, además, necesitamos gestionar un proceso intensivo de formación de recurso humano especializado, así como contar con el personal técnico y pedagógico de fondo para evitar posibles errores.

Sin duda, la tecnología educativa puede resultar un arma de doble filo. Por un lado: si presentamos contenido aburrido aunque sea digitalizado, perderemos estudiantes; y si los estudiantes encuentran difícil acceder a o utilizar la tecnología educativa, perderemos estudiantes. Por el otro lado, muchos hemos presenciado un juego adictivo del que no se aprende nada. Este tipo de adicción afecta particularmente a los niños pequeños, cuyos cerebros están programados para enfocarse en todo aquello que llame su atención, y para notar cambios rápidos en aquello que están observando. Evolutivamente, esto facilita el aprendizaje intenso que tiene lugar en los primeros años de vida y mantiene a los niños  pequeños seguros. Sin embargo, en un mundo de dibujos animados de alta estimulación, con sonidos llamativos así como movimientos y tramas veloces; y de aplicaciones digitales que evocan las luces, sonidos y colores de los casinos; exponemos a nuestros niños a pasar excesivo tiempo frente a la pantalla. Ese “tiempo pantalla” tiene lugar a detrimento de el tiempo que los niños  podrían dedicar a el tipo de experiencias de interacción social y familiar, y de manipulación de objetos y movimiento corporal que necesitan para su desarrollo físico, cognitivo y emocional. Que una tecnología educativa sea entretenida y atractiva no implica para nada que sea de calidad pedagógica y lleve a un aprendizaje o desarrollo de habilidades significativo y relevante. Por ende, debemos prestar particular atención a la calidad por encima de la cantidad de edtech que promovemos.

El peligro de exponer a nuestros niños a experiencias digitales atractivas sino adictivas, pero no productivas ni positivas, era quizás menos preocupante antes de la pandemia, cuando teníamos tiempo para desarrollar tecnologías educativas de alta calidad con procesos cuidadosos a largo plazo. Ahora tenemos la presión de una justificada carrera, pero hay que poner todo en la balanza a medida que avanzamos y tomamos decisiones, porque podría salirnos el tiro por la culata. Lo peor que nos puede pasar sería, en nuestra desesperación, terminar masificando contenido mediocre, no esencial, o irrelevante. Ese contenido, aunque sea temporal, tomará el tiempo y la atención de nuestros jóvenes, será en gran parte un desperdicio de recursos, tiempo y esfuerzo, y dificultará el proceso de desarrollar mejores contenidos dada la posible sensación de misión cumplida.

Sería un desastre que, dada la carrera, invirtamos excesivamente en desarrollar contenidos y experiencias idénticas para todos, cuando sabemos que la educación no es “one size fits all”. Desaprovecharíamos  completamente el momento único en el que nos encontramos, si desplegamos un uso ampliado de la tecnología, pero solo para proveer información: sin tecnología que provea a los estudiantes  oportunidades para   hacer, crear, aplicar y practicar. En la intensa necesidad de flotar sin saber nadar, debemos evitar ahogarnos en contenido aburrido o difícil de usar, que a la larga genere más  insatisfacción con los procesos educativos, causando mayor y no menor deserción y exclusión. Las personas terminarían abandonando la escuela (universidad/educación continua/etc.) para no regresar. Empujando edtech sin calidad pedagógica,  lograríamos estrés y frustración, sin aprendizaje o sin desarrollo de habilidades y competencias claves. Si en el intento de no perder un año académico causamos que los estudiantes pierdan el gusto por el aprendizaje, el impacto en esta generación y las que vengan será irreparable. 

Por el contrario, teniendo instrucción y contenidos de calidad, la tecnología nos puede ayudar a aumentar nuestro alcance y cobertura, incluso reduciendo inequidades …si y sólo si incluimos el esfuerzo necesario y éticamente inevitable para equiparar acceso a dispositivos e internet para todos. La educación diferenciada es una de las claves más importantes para una educación efectiva, sobre todo en un contexto con mucha disparidad. Los métodos de aprendizaje constructivistas, construccionistas y activos, incluyendo la exploración, manipulación, experimentación y creación, han demostrado generar mejores aprendizajes que la educación pasiva tradicional instructivista. Pero individualizar las experiencias y apoyo es complejo, y diseñar y ejecutar experiencias de aprendizaje efectivas requiere de tiempo y a veces recursos adicionales, con el que los docentes no suelen contar. El edtech de vanguardia nos puede ayudar a proveer estos procesos de enseñanza-aprendizaje con más frecuencia y facilidad, con calidad y equidad … si y sólo si incluimos el esfuerzo requerido y profesionalmente ineludible de involucrar el mejor recurso humano técnico y pedagógico al que podamos acceder. Este momento histórico representa una mesa de poker en la que, sin haberlo buscado necesariamente, nos enfrentamos a una apuesta altísima, con todo su potencial beneficio y su peligroso riesgo. Hay que ser estratégicos para concebir cuidadosamente la mejor jugada posible para la utilización de la tecnología educativa, con las cartas que tenemos en la mano.

 


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