La inteligencia artificial: el miedo ante las nuevas tecnologías

A lo largo de mi vida académica he tenido la oportunidad de observar cómo la tecnología evoluciona de manera acelerada, transformando no solo la ciencia y la educación, sino también la vida cotidiana de las personas. Muchas de las herramientas que hoy consideramos normales fueron, en su momento, innovaciones sorprendentes que, poco a poco, fueron democratizándose al ponerse al alcance de usuarios comunes. Recuerdo, por ejemplo, cuando apareció la televisión en color y cómo parecía una maravilla tecnológica. Años después llegaron los primeros teléfonos celulares, que en ese momento parecían dispositivos casi futuristas. También recuerdo la primera computadora portátil que utilicé como estudiante de ingeniería química: un equipo que, gracias a un circuito integrado, me permitía registrar simultáneamente ocho temperaturas cada segundo con gran precisión, algo que hasta entonces requería equipos mucho más costosos y complejos. Lo que para mi generación fue una revolución tecnológica, hoy es apenas una funcionalidad básica de muchos dispositivos digitales.

 

En general, la aparición de tecnologías disruptivas siempre ha suscitado inquietud y temor en la población. Hay ejemplos que muestran esta relación; por ejemplo, la aparición del daguerrotipo (s. XIX) y el miedo a que la fotografía tomada por esa extraña pieza de tecnología le “robara el alma” a la persona. Otros que podemos citar son: la imprenta (s. XV), que fue vista en su momento como una amenaza al orden social por facilitar la circulación de ideas; el ferrocarril (s. XIX), que generó preocupación porque algunos pensaban que el cuerpo humano no podría soportar velocidades elevadas; la radio y la televisión (s. XIX y XX), que fueron temidas por afectar la cultura y los hábitos de lectura. Incluso internet (s. XX) fue inicialmente recibido con cautela por sus posibles efectos sobre la privacidad, la calidad de la información y las relaciones sociales.

 

También podemos decir que, si bien cada nueva tecnología suele generar inicialmente sorpresa, entusiasmo e inquietud, con el tiempo, aquello que parecía extraordinario termina integrándose de manera natural en nuestras prácticas cotidianas. Esta reflexión resulta pertinente en el contexto actual, en el que la inteligencia artificial, en especial la generativa, está comenzando a ocupar un lugar cada vez más visible en nuestras vidas, lo que suscita preguntas sobre su uso, sus beneficios y sus posibles riesgos.

 

La evidencia científica sobre el impacto de la inteligencia artificial en el aprendizaje sigue siendo mixta. Algunos estudios advierten que el uso excesivo de estas herramientas podría afectar habilidades cognitivas como la memorización o el pensamiento crítico, especialmente cuando sustituyen el esfuerzo intelectual del estudiante. Sin embargo, otras investigaciones señalan que, cuando se utilizan con un enfoque pedagógico, las herramientas de IA pueden apoyar procesos de aprendizaje personalizados, estimular la reflexión y mejorar el rendimiento académico (Krsmanović & Deek, 2025; Rao, 2025; Vieriu & Petrea, 2025; Yotov et al., 2026).

 

En el ámbito educativo hay otros temores, como el plagio académico, el reemplazo del docente, la pérdida del pensamiento crítico y la falta de ética y transparencia. En mi opinión, el verdadero desafío no es decidir si la inteligencia artificial debe o no estar presente en los procesos educativos. Esa discusión probablemente será cada vez menos relevante a medida que estas herramientas continúen integrándose en múltiples ámbitos del conocimiento y del trabajo profesional. El reto real consiste en comprender cómo utilizarlas de manera responsable, ética y pedagógicamente pertinente.

 

Desde la investigación educativa, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de aportar evidencia que permita comprender cómo se están utilizando estas tecnologías, qué beneficios pueden aportar al aprendizaje y cuáles son los riesgos que debemos gestionar. Solo a partir de ese conocimiento será posible diseñar políticas institucionales, prácticas docentes y estrategias de formación que permitan aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin perder de vista los principios fundamentales de la educación.

 

Una de las investigaciones que estamos realizando en CIEDU AIP trata sobre el uso y la aceptación de la inteligencia artificial generativa (IAG) entre docentes y estudiantes universitarios. Para ese estudio usamos  UTAUT (Unified Theory of Acceptance and Use of Technology) y le agregamos una dimensión de ética e integridad académica. En la muestra estudiada, hemos encontrado una valoración positiva de la IAG como herramienta de apoyo al aprendizaje, a la enseñanza y a la investigación académica. Tanto estudiantes como docentes destacaron su utilidad para optimizar el tiempo, comprender contenidos complejos y facilitar la realización de tareas académicas. En el análisis cualitativo encontramos diferencias entre ambos. Mientras que los estudiantes enfatizaron el uso instrumental de la IAG para apoyar sus estudios, los docentes señalaron cambios en su rol en el proceso de enseñanza y plantearon la necesidad de orientar a los estudiantes hacia el desarrollo de competencias críticas, como la formulación de preguntas y la evaluación reflexiva de los resultados generados por la tecnología. Las preocupaciones éticas emergieron con mayor fuerza en el discurso docente, en particular en relación con la autenticidad de los trabajos académicos y con los desafíos de la evaluación de los aprendizajes de los estudiantes. Definitivamente, queda mucho trabajo por hacer.

 

Un pensamiento de cierre es que la historia ha mostrado que las tecnologías no desaparecen por prohibición, sino que se integran cuando las sociedades aprenden a comprenderlas y gobernarlas. Allí está el reto de la formación y de la gobernanza ética.

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Sobre el autor: Aura López es Pimentel es Directora de Investigación e Investigadora del CIEDU-AIP

La opinión expresada en esta publicación es exclusivamente personal del autor y no refleja la posición oficial ni las opiniones del CIEDU AIP.

INFORME PÚBLICO: INVESTIGACIÓN ESCRIBO PLAY

Divulgación de Hallazgos de ESCRIBO PLAY ¡Jugando se aprende!

Panamá, 11 de octubre de 2022 – El uso de juegos digitales puede potenciar y contribuir a reducir la pérdida del conocimiento que se generó durante la pandemia de COVID-19 y la que se produce durante las vacaciones escolares o cierres no planificados, según destaca la más reciente investigación con diseño experimental del Centro de Investigación Educativa de Panamá (CIEDU), “EscriboPlay, Jugando se Aprende”, la cual se implementó durante los primeros meses del año 2022.

El objetivo de esta investigación fue de desarrollar las habilidades tempranas de lectoescritura y matemáticas en niños y niñas de 4-8 años, mediante el uso de un aplicativo móvil con juegos educativos. Se logró demostrar a padres y madres de familia, al igual que los actores del sistema educativo, que existen diferentes formas de aprender y en especial, reflejar la necesidad de implementar actividades y estrategias que fomenten el aprendizaje durante recesos escolares y vacaciones, muestra el impacto que tienen los juegos digitales en el conocimiento de lectoescritura y matemáticas en los niños y niñas que participaron del estudio.

EscriboPlay es una aplicación creada por la empresa de tecnología educativa Escribo, ubicada en Brasil, que se enfoca en desarrollar juegos educativos que permitan optimizar las habilidades de estudiantes en asignaturas fundamentales. Estos juegos han sido creados en portugués, español e inglés y han sido utilizados en Brasil, Estados Unidos y Panamá.

Para esta investigación participaron en total 2,692 niños y niñas de entre 4 y 5 años, aunque se permitió que los juegos fueran utilizados también por estudiantes de 6 a 8 años para apoyar en la recuperación del aprendizaje perdido durante la pandemia, sin embargo, su avance o resultados no fueron parte del estudio.

Los juegos diagnósticos de matemáticas estuvieron compuestos por 14 ítems que midieron diferentes habilidades como, reconocimiento de números, orden de los números, comparación de conjuntos con más o menos elementos, posición de los objetos en el espacio y reconocimientos de formas geométricas. Mientras que los de español, abarcaban 10 ítems que midieron habilidades de lectura, a través del reconocimiento de palabras con la imagen correspondiente, que les permitieron desarrollar habilidades de conciencia de sílabas, segmentación y mezcla, rima y aliteración, identificar el primer fonema, lectura y escritura de palabras, entre otros.

“El gran reto de intervenciones educativas que involucra el uso de tecnología digitales sigue siendo contar con dispositivos tecnológicos, acceso a internet y saberlos usar”, destacó la Dra. Mariana León, Investigadora de CIEDU. “En general, el número de estudiantes beneficiados fue alto, a pesar de algunos estudiantes dejaron de usar los juegos en el transcurso del proyecto, quizás por dificultades técnicas, limitado acceso a dispositivos o juegos fuera de alcance de la zona de desarrollo”.

Ejemplo de Juegos de la APP EscriboPlay

En el análisis de regresión encontramos que ninguna de las variables demográficas (sexo, índice socioeconómico familiar, región, tipo de escuela), predijo el resultado de la intervención, lo que indica que el uso de los juegos fue efectivo sin importar el perfil demográfico de niño o niña y por ende promueve la equidad educativa.

El estudio reveló que los niños y niñas de 4 años que utilizaron los juegos de la secuencia didáctica de matemáticas, obtuvieron ganancias significativas en comparación con los que no utilizaron estos juegos. Estos estudiantes avanzaron un 84% más en el reconocimiento de números, un 76% más en el reconocimiento de la posición de los objetos en el espacio y un 314% en la identificación de formas geométricas.

En este mismo sentido, el grupo de 5 años avanzó un 77% más en el reconocimiento de posiciones de los objetos en el espacio y un 114% en la identificación de formas geométricas. También se identificó un avance de 74% en la comparación de conjuntos con más o menos elementos. En este grupo no se identificó una ganancia significativa en la capacidad de reconocimiento de los números.

En cuanto a español, los estudiantes de 4 años que sí recibieron los juegos, avanzaron estadísticamente de una manera significativa entre los pre y post diagnósticos de esta materia, mientras que los que no recibieron este material, no mostraron ganancias en este sentido. Por su parte, los estudiantes de 5 años que recibieron los juegos de español, no se encontraron ganancias significativas, al igual que los que no lo recibieron. Cabe destacar que este último grupo obtuvo una puntación mayor al grupo de control en el diagnóstico inicial. Esta probablemente sea la explicación a la falta de significancia estadística en los resultados de lectura.

Por su parte, el Mgter. David Bernal, Director de Incidencia y Políticas Educativas del CIEDU destacó la importancia del estudio para el diseño de políticas y programas al igual que el uso correcto de la tecnología “Las evidencias del proyecto de investigación Escribo Play nos permiten confirmar que hay muchas maneras de aprender y se requiere impulsar programas para el reforzamiento académico en recesos y otros momentos de interrupción escolar. De la misma manera, el uso de la tecnología en niños y adolescentes requiere del acompañamiento y supervisión de los padres y madres de familia para evitar la exposición prolongada a las pantallas y un uso correcto de la tecnología”.

En el ámbito de la investigación “El diseño del proyecto de investigación Escribo Play es un ejemplo de cómo podemos incorporar un diseño de experimento controlado aleatorizado en la investigación educativa, pues estos diseños permiten evaluar el impacto que tiene una intervención educativa, dado que un grupo recibe el tratamiento y el otro no, sin embargo, luego ambos grupos obtienen el tratamiento postergado, lo que permite que todos los participantes se beneficien”, finalizó la Dra. León.