Jueves 22 de octubre, 2026
El sismo ocurrido el 9 de octubre de 2026 en Panamá afectó severamente las provincias centrales del país y dejó a familias y comunidades enteras en situaciones vulnerables en temas tanto de salud, vivienda y alimentación. Sin embargo, no se puede desestimar el impacto que esta situación también ha tenido en la continuidad del aprendizaje para niños y niñas en edad estudiantil.
Buscando conocer mejor las realidades de las comunidades, docentes y centros afectados, el CIEDU, en colaboración con la Dirección de Innovación en el Aprendizaje de la Ciencia y Tecnología de SENACYT, arrancó una gira de dos días en campo para evaluar el impacto del terremoto en comunidades de Azuero.
Durante el miércoles 21 de octubre, primer día de la visita, los Dres. José Causadias y Lenín Morales visitaron el Instituto Profesional y Técnico Agropecuario (IPTA) de Tonosí, donde pudieron ver de primera mano cómo el sismo afectó este centro educativo, que permanece cerrado por los daños. La magnitud de los daños no solo se mide en lo material sino también en el desafío que enfrenta la comunidad educativa para recuperar la normalidad.
Como parte del recorrido, los investigadores del CIEDU conectaron con una estudiante del IPTA, voluntaria y líder comunitaria quien les pudo comunicar con conocimiento de primera mano, las necesidades de las comunidades afectadas. A través de ella se pudo gestionar la donación de artículos de primera necesidad para las comunidades afectadas. Se donaron alimentos y carpas que fueron posteriormente distribuídos a las comunidades.
Los investigadores del CIEDU también pudieron visitar Macaracas para ver el Colegio Rafael A. Moreno, que permanece cerrado por los daños. Pudieron reunirse con el Profesor Lucas Hernández, docente del colegio y padre de familia quien compartió su experiencia durante el sismo, el impacto que ha tenido en la comunidad, y la necesidad de desarrollar programas que permitan a los estudiantes continuar su aprendizaje. El docente recalcó que una de sus principales preocupaciones es el desgaste emocional que enfrentan las familias, marcado por la falta de sueño, el miedo, la ansiedad y la incertidumbre, sentimientos que se intensifican ante las réplicas que todavía se perciben.
El centro educativo cuenta con 71 educadores y atiende a aproximadamente 640 estudiantes, lo que plantea importantes desafíos para la continuidad del proceso educativo. En este contexto, el profesor destacó la necesidad de que las primeras acciones no se concentren exclusivamente en recuperar las actividades académicas, sino también en generar espacios de escucha y acompañamiento emocional.
Esta labor de campo nos permite conocer mejor los contextos de las poblaciones afectadas, sus necesidades y conocer sus experiencias. Es un primer paso fundamental para comprender cómo han vivido esta situación, reconocer sus necesidades y construir, junto con ellos, las medidas más adecuadas para culminar el año escolar. Esta perspectiva reconoce que la recuperación educativa no depende únicamente de las condiciones materiales de los centros escolares, sino también del bienestar emocional, la participación y la confianza de quienes integran la comunidad educativa.
